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21 abril, 2006

el respeto de las diferencias


"Creo que continuamente hay una confusión entre igualdad y equivalencia de los derechos. Segundo, devenir igual significa frecuentemente abolir su identidad. Más profundamente, yo diría que el mal de nuestra época viene sobre todo de una pérdida de la autonomía personal, resultante de una falta de cultura de la vida como tal, que hace que difícilmente nos encontremos el uno frente al otro. El Otro se convierte en un padre o un niño, en un amo o un esclavo, un superior o un inferior, una cosa o un verdugo. La relación de reconocimiento y de reciprocidad es rara. ¿No es allí donde se encuentra el mayor bien? El problema de la igualdad entre los individuos, particularmente entre los sexos, no puede resolver la cuestión: la igualdad se evalúa en función de algo en común que posee más o menos cada uno, lo que entraña relaciones de competición agresiva. No hay cuestionamiento entonces respecto al amor y la reciprocidad de las personas. Esto no puede ocurrir más que dentro del respeto de las diferencias, cuando el otro es reconocido por lo que es, en un deseo, una alianza y un entrelazamiento de las cualidades propias de cada uno o una. " escribe Luce Irigaray

19 abril, 2006

inventar una nueva familia


Dice Luce Irigaray en una entrevista a Triple Jornada: "Actualmente en Occidente las familias explotan: padres y madres se separan, los hijos van de una al otro, del otro a la una. Volver a los antiguos modelos familiares no es una solución. Se trata más bien de inventar una nueva familia: no más esa en la cual cada uno o cada una pierde su identidad en un todo indiferenciado donde gobierna la madre en la casa y el padre, como ciudadano, dentro y fuera del hogar. Para salir de este tipo de comunidad familiar, ¿no sería la solución refundar la familia sobre una alianza entre el hombre y la mujer, reconocidos ambos como personas civiles y no solamente como identidades naturales? La familia se convierte así en un lugar en construcción de la comunidad civil y del devenir cultural de la humanidad. La filiación no es más su objetivo principal sino el florecimiento de la pareja y del mundo en el cual vive. ¿Por qué temer que este florecimiento se oponga a la generación, si éste toma el sentido no de un destino o de una obligación, sino de una unión más íntima y más completa?"